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La investigación social y el dato complejo. Una primera aproximación

Fragmento

Capítulo 1
1.1 El método como instrumento de legitimación teórica. Antecedentes del "eterno debate cuantitativo/cualitativo"

Para muchos autores como Bryman (1984) la presentación enfrentada, en términos de exclusión, de las orientaciones cuantitativa y cualitativa, a pesar de sus diferencias, es una convención. Indudablemente y aunque en la actualidad, enfocar el debate cuantitativo/cualitativo en estos términos sea inapropiado, todo ello es fruto de la evolución, aplicación y desarrollo del método científico en Sociología. Así, parece interesante profundizar en lo que considero substrato de cada una de estas orientaciones, e impulso de su desarrollo posterior. Todo ello favorece tradicionalmente su exposición como metodologías enfrentadas, que a pesar de opuestas y disjuntas, se presentan actualmente como condenadas a complementarse.

No es, tampoco, nada nuevo asociar el debate cuantitativo/cualitativo con un movimiento pendular en el desarrollo metodológico de la Sociología, hecho que se fundamenta en la irresolución de una visión dual de su objeto de estudio, fenómeno que podríamos denominar "primitivismo metodológico", ya que en este sentido la evolución posterior no ha superado su estado germinal. Todo ello, puede comprenderse mejor con un análisis detallado de los aspectos más relevantes de la evolución teórico-metodológica de la Sociología, desde su inicio.

El origen de la Sociología como ciencia está ligado a la idea de que los fenómenos sociales pueden ser estudiados con los mismos métodos científicos que emplean las ciencias de la naturaleza. De ahí la pretensión inmediata de los primeros sociólogos de formular leyes universales y axiomas fundamentales, que sirvieran de basamento teórico, al modo de las ciencias naturales, para explicar el devenir histórico-social, huyendo de todo pensamiento metafísico o conocimiento revelado, y deslindar así, claramente, el mundo de los fenómenos del del deber ser. Pero esta idea no es accidental, sino que por el contrario, deriva de toda una concepción anterior, al mismo tiempo que responde a unas exigencias coyunturales concretas del contexto sociohistórico en el que tiene lugar.

Este contexto histórico social se encontraba transido por distintos y renovadores acontecimientos que, herederos de formas de pensamiento y prácticas anteriores, daban su fruto en este periodo. Ya desde el Renacimiento, el abandono de aproximaciones ontológicas por el uso de la razón, como clave del conocimiento humano, ponen de manifiesto la sustitución de lo divino por lo humano; Dios no es ya el centro del universo sino el hombre guiado por la razón. 'La razón nos hará libres y nos conducirá hacia el conocimiento verdadero'. Para Rex (1968), desde la Reforma, la gran tradición inglesa de pensamiento relativa a la filosofía de la ciencia, ha sido la empirista. Bacon en el Novum Organum (1620), formuló claramente sus objetivos, al contraponer los métodos de la ciencia empírica con los de los pensadores escolásticos del siguiente modo:

"Sólo hay dos caminos para buscar y descubrir la verdad, uno de ellos va de los sentidos y los hechos particulares a los axiomas más generales y, partiendo de estos principios cuya verdad considera establecida e inmutable, pasa al examen y al descubrimiento de axiomas de alcance medio. Este es el procedimiento que ahora se utiliza. El otro parte de los sentidos y los hechos particulares y se eleva en un ascenso gradual e ininterrumpido hasta llegar, en último término, a los axiomas más generales. Este es el verdadero camino, pero todavía no se ha ensayado." (Francis Bacon: 1961)

Esta mentalidad va cimentando nuevos hábitos de pensamiento que tienen su máximo exponente en Siglo de la Ilustración. Junto a ello, los grandes descubrimientos y desarrollo científico, el espectacular avance de las ciencias de la naturaleza, la emergencia de la sociedad civil, la expansión de ideas liberales y democráticas, la proclamación de la igualdad jurídica, la afirmación del individuo, la Revolución Industrial y el surgimiento de una nueva clase social en ascenso, son elementos que, al mismo tiempo que propician el nacimiento de la Sociología con estatuto científico, ponen de manifiesto la necesidad de su existencia. La Sociología 'científica' como tal, en las hipótesis y proyecto dual de los modelos conservador y radical, aparece en el siglo XIX ya que es, realmente, el siglo cero de la sociedad.

De este modo, la adopción de la filosofía positiva por la Sociología para alcanzar su estatuto científico, no es un fin en si mismo sino la consecuencia de un contexto histórico, de un periodo de tiempo concreto, que requiere una legitimación y explicación, en términos del nuevo orden social en desarrollo. Todo ello tiene como consecuencia, en este periodo caótico del surgimiento de la Sociología como ciencia, una especial preocupación por el método.

Esa tendencia puede interpretarse como una de las más claras manifestaciones de la necesidad de legitimación a la que se hacía referencia. Así, el enfoque durkheimiano hacía pasar por valores universales, para el conjunto de toda una sociedad, los valores de la nueva clase dirigente, la burguesía. Se trata, a través del positivismo y la racionalidad, de defender y convertir los intereses de ésta en fines de toda la sociedad. No es, pues, extraño que el siglo de la Sociedad sea también el siglo de la Ideología.

En última instancia, todo ello nos remite directamente al tema de los juicios de valor en el ámbito de la Sociología, aspecto fundamental que, de un modo u otro, sigue instaurado en el centro mismo de la problemática metodológica

"Por último, y más recientemente, se ha mostrado la utilidad de la teoría avalorista en términos de dominación política tecnocrática:" A medida que más esferas de decisión son construidas como 'problemas técnicos' que requieren información y estrategias instrumentales producidas por expertos técnicos, son extraídas del debate político", por lo que se puede afirmar que "la imagen cientifista de la ciencia se ha transformado en el sistema de legitimación dominante de la sociedad industrial avanzada" y la "falsa conciencia fundamental de nuestra época" (Scholer, 1972,212-213). De este modo el desarrollo de una ciencia neutra sería el resultado de un doble proceso social. El primero interno a la Sociología: la profesionalización del sociólogo como medio de autodefensa y autolegitimación. El segundo, externo a ella: los requisitos de legitimación de un sistema social que no puede ya acudir a la libre discusión y exige un modo de legitimación autoritario que la santidad de la ciencia social le ofrecería" (Emilio Lamo de Espinosa: 1975, p.42)

Es curioso observar cómo estas argumentaciones, en la misma línea y referidas a dos periodos de tiempo diferentes, expresan una idea central común. Esto es, la necesidad de legitimación. Esta descansa en el método y las cuestiones metodológicas, en función de las cuales se elabora la teoría, que es en última instancia la que argumenta esta legitimidad. De este modo, la estructura metodológica cumple una doble función: por una parte la de conferir carta de cientificidad a la Sociología y por otra la de legitimar la teoría, que afirma a su vez un orden social concreto.

De este modo, la reflexión teórica sobre el método es siempre una cuestión crucial y esencial en cualquier disciplina, máxime cuando su objeto de estudio presenta unas características tan ricas y peculiares como ocurre en Sociología. Son precisamente estas peculiaridades, las que se han considerado como "trabas" para una aplicación ajustada del método científico, al estilo de las ciencias de la naturaleza, consideradas como ideal a alcanzar. Así, la impotencia que produce esta dificultad de adecuación, y la lentitud y complejidad en la obtención de resultados y formulación de leyes generales, se intenta paliar mediante la adopción y aplicación de estilos metodológicos característicos de otras ciencias. Por ello, la aplicación de técnicas matemático-estadísticas rigurosas, cada vez más sofisticadas, se convierte en un fin en sí mismo, olvidando, en parte, la esencia de todo proceso de conocimiento.

La sociología, ya desde su comienzo, surge ligada a la idea del monismo metodológico, la adopción de una filosofía positiva, de la que deriva esta idea, no es un hecho accidental, sino consecuencia de toda una concepción anterior, y de un contexto histórico concreto. En este sentido, podemos decir que la concepción metodológica en sociología, no sólo surge subordinada a una determinada estructura social, sino que nace condicionada ideológicamente por ella. Así, los argumentos teóricos de la sociología del orden de Comte requerían una legitimación aparentemente vacía de valores; legitimación que sólo era concebible obtener a partir de la adopción del método científico.

Actualmente, esta tendencia de legitimación ha tomado la forma de lo que Mills dio en denominar el "ethos" burocrático característico del empirismo abstracto predominante, que paradójicamente destaca por su aparente inhibición metodológica. Esta inhibición realmente no es tal, por cuanto la asunción de rutinas metodológicas de "estrechas miras" no es tan neutral como se pretende. La aceptación de determinados modelos matemático-estadísticos como garantes de cientificidad y neutralidad, hace olvidar que éstos llevan aparejados en su aplicación la aprobación de determinados supuestos teóricos acerca de la estructura y desarrollo de los procesos y fenómenos sociales. De este modo, lo que se presenta como moralmente neutro está realmente cargado de valores que en cada contexto sirven a la perpetuación, sin cuestionar, de los valores dominantes. Así, a través de éste espíritu metodológico, "teoría" social e ideología se dan la mano.

"El empirísmo abstracto es empleado burocráticamente, aunque tiene, desde luego, claras significaciones ideológicas, que en ocasiones se usan como tales. La gran teoría, como ya he indicado, no tiene utilidad burocrática directa; su significación política es ideológica, y en esto estriba el uso que puede tener. Si estos dos estilos de trabajo -empirismo abstracto y gran teoría- llegasen a gozar de una situación de "duopolio", o aun a ser los estilos predominantes de trabajo, consistirían una grave amenaza para la promesa intelectual de la ciencia social y para la promesa política del papel de la razón en los asuntos humanos, tal y como este papel ha sido tradicionalmente concebido en la civilización de las sociedades occidentales" (W. Mills: 1993, pp.132 - 133)

Es triste constatar cómo estas palabras de W. Mills, quizás escritas con la secreta esperanza de su no cumplimiento, mantienen intacta toda su verdad y sentido. De este modo el cientifismo actual supone en sí una forma de ideología, quizás de ideología cientifista, pero al fin y al cabo ideología, que condiciona el desarrollo metodológico y el conocimiento mismo. La sacralización de una neutralidad científica, más aparente que real, y de ciertas prácticas y estilos metodológicos, tiene como base la asunción de ciertos supuestos inscritos en los modelos matemático-estadísticos y sus axiomas sin cuestionar adecuación epistemológica a la realidad social. Así, el método se torna en técnica y los aspectos metodológicos son relegados por los técnicos, potenciados por su imagen aséptica y avalorista. En palabras de Mills (1993), es una especialización que se funda únicamente en el uso del método, independientemente del contenido, del problema y del campo de estudios. Se trata, en última instancia de salvaguardar y reforzar la función que legitima el método. ¿Hasta que punto, pues, se subvierte la función del método en instrumento de legitimación en lugar de camino hacia el conocimiento?

En definitiva, la preocupación metodológica en sociología se ha desarrollado tan condicionada e íntimamente ligada a la necesidad de legitimación, que parece haber relegado a un segundo plano el problema esencial: método y conocimiento de la realidad social. En realidad, el desarrollo y destino metodológico en nuestra disciplina ha corrido más parejo a ciertas exigencias ajenas al proceso de conocimiento que a las necesidades epistemológicas propias de su objeto de estudio. Por ello, es necesario destacar aquí la necesidad de una reflexión sobre el método en la dirección de un análisis desde el punto de vista epistemológico, sobre la adecuación del método al objeto de estudio.

Respecto a todo ello, se han querido destacar las estrategias y procedimientos que, desde una perspectiva cuantitativa, se presentan como técnicamente neutras, a pesar de que están condicionadas por determinados supuestos teóricos en su aplicación. En última instancia, como se ha dicho, la necesidad de legitimación externa al propio proceso de conocimiento condiciona el desarrollo metodológico en nuestra disciplina, desligándolo de las auténticas exigencias epistemológicas de su objeto de estudio. De este modo, la constante y creciente demanda de respuestas concretas que permitan el dominio y manipulación de lo social por parte de diversos grupos de poder, influencia o presión, ha producido, desde una perspectiva cuantitativa, una hipertrofia en la aplicación de técnicas estadísticas cada vez más sofisticadas. Esta aplicación requiere, a su vez, la medición precisa y continúa del objeto de estudio y el desarrollo y elaboración de técnicas matemático estadísticas cada vez más refinadas.

La argumentación que en este sentido, aqui se defiende, queda fielmente recogida en palabras de Collins (1984): "el gran error es ver la estadística simplemente como un método neutral, ya que, como tal, está contaminada de presupuestos teóricos ocultos". La esencia del problema no es tanto si la acción social puede medirse o cuantificarse de acuerdo con los modelos matemáticos existentes, sino bajo qué supuestos teóricos se realizan estas mediciones y aplicaciones, y las repercusiones metodológicas y teóricas que de todo ello se derivan. A mayor abundamiento, estos presupuestos para la aplicación de los modelos matemático-estadísticos, no derivan de la reflexión sobre las necesidades epistemológicas de lo social para su análisis, sino de la aceptación incondicional de los supuestos de aplicación implícitos en estos mismos modelos. De este modo, los supuestos necesarios para la aplicación de ciertos modelos estadísticos se 'adoptan' como premisas bajo los cuales se realiza la aplicación de tales modelos. Ya que la mayor parte de estas técnicas estadísticas han sido diseñadas respecto al comportamiento de fenómenos y procesos de naturaleza no social, el asumir sus condiciones de aplicación supone también asumir un cierto paralelismo entre desarrollo y estructura de los procesos sociales con procesos de otra naturaleza. Pero no se trata de invalidar la aplicación de estos modelos matemático-estadísticos para el análisis social, ni tan siquiera de una crítica a su uso inadecuado y ritual, ignorando su verdadero significado, sino de reorientar la reflexión y poner de manifiesto las limitaciones y repercusiones de su aplicación, así como la interdependencia recíproca entre teoría y metodología.

En definitiva, lo que se pretende es poner de relieve una cuestión que a menudo no es considerada, al mismo tiempo que se intenta apuntar soluciones operativas a medio plazo. Soluciones que deben ser planteadas desde una doble vertiente; por una parte, respecto al desarrollo actual de análisis y técnicas estadísticas no paramétricas, y por otra en la dirección de una revisión teórica de los presupuestos utilizados en el ajuste empírico de los modelos teóricos. Todo ello, de modo que quede de relieve que la cuestión esencial es la capacidad heurística y adecuación de la metodología utilizada.

Considero, por ello, que la reflexión sobre la aplicación de los modelos matemático-estadísticos a la investigación social debe de ir más allá de un análisis de su aplicación concreta. La aplicación de estos modelos no vicia por si misma la investigación; si esto fuera así, una solución orientada al diseño y desarrollo de modelos no paramétricos no lineales, etc,...como viene dándose en las últimas décadas sería suficiente. Pero debido a que el problema de fondo no es un simple problema de adecuación, se hace necesaria a su vez una revisión teórica, dirigida por una parte al establecimiento más preciso y operativo de la naturaleza real de los fenómenos sociales, y por otra a una valoración de los presupuestos teóricos en la aplicación de modelos y análisis estadísticos. Se trata de encontrar un marco metodológico cuyos presupuestos teóricos de aplicación estadística no obliguen a los datos a encajar en un marco artificial, que restringe y perjudica el análisis empírico real. En última instancia, la aplicación y utilidad de los modelos matemáticos en nuestra disciplina está condicionada por el desarrollo teórico conceptual y la solución de los problemas de medición, pues de poco sirve la aplicación de un modelo matemático si éste está vacío de contenido. Realmente se trata de un proceso lógico que sustituye un tipo de lenguaje por otro que permite de modo formal ciertas ventajas operativas, por lo que una función u operacionalización matemática nunca puede solventar la pobreza o vaciedad teórica.

Sea como fuere, es en este momento inicial de la Sociología cuando se abre una clara preocupación metodológica, que encierra en sí misma la semilla de un problema recurrente en las ciencias sociales: método y conocimiento de la realidad social. El análisis debe, pues, centrarse en averiguar lo que subyace en esta persistencia del problema metodológico, y sus repercusiones y conexión con el estatuto científico de la Sociología y su desarrollo como tal.


"En medida muy grande, el término 'ciencia' está reservado a campos que progresan de manera evidente. En ninguna parte se muestra esto de manera más clara que en los debates repetidos sobre si una u otra de las ciencias sociales contemporáneas es en realidad una ciencia. (...) ¿Hay mucho que pueda depender de una definición de 'ciencia'? ¿Puede una definición indicarle a un hombre si es o no un científico?. En ese caso, ¿por qué no se preocupan los artistas o los científicos naturales por la definición del término?. De manera inevitable, llegamos a sospechar que lo que se encuentra en juego es algo más fundamental. Es probable que en realidad se hagan preguntas como las siguientes: ¿por qué no progresa mi campo del mismo modo que lo hace, por ejemplo, la física? ¿qué cambios de técnicas de método o de ideología lo harían capaz de progresar en esa forma?." (Thomas S. Kuhn:1984, pp.247-48)

El hecho de que cuestiones, como las que plantea Kuhn, estuvieran de forma más o menos latente, en el pensamiento de los primeros sociólogos, junto con el contexto histórico en el que se desenvolvieron sus reflexiones, nos ayuda a comprender por qué el problema metodológico y las cuestiones relativas a él comenzaron a perfilarse desde la adopción de la filosofía positiva.

En este sentido y como bien indica Juan F. Marsal (1980), los que sostienen la existencia de una Sociología única, con objeto de una sociedad por consenso y estable, -la Sociología del orden- acostumbran a ver el origen de la Sociología en Augusto Comte. Independientemente del problema de esta autoría, lo cierto

"...es que los temas que constituyen la constante en Comte, desde sus primeros opúsculos a sus últimas obras teñidas de preocupaciones religiosas, lo acercan mucho más a la Sociología burguesa del orden establecido que a la Sociología del cambio... hay que juzgar a Comte como un cientifista. En el sentido de ser un ideólogo que utilizó la metodología científica para usarla como un arma polémica en una situación de conflicto social e ideológico." (Juan F. Marsal en Benjamín Oltra:1980, pp. 8-9)

La investigación social y el dato complejo. Una primera aproximación

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