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El agua en la Historia de España

Presentación

Durante el año académico 1997-1998, se impartió, dentro del programa de doctorado "Problemas históricos y actuales de la economía española" del Departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante, el curso "Los usos del agua en la Historia de España". Dirigido por el profesor Joaquín Melgarejo, el curso contó con las aportaciones de una decena de especialistas de diferentes universidades. El interés despertado por el curso, puesto en evidencia en el elevado número de asistentes que lo siguieron -no sólo alumnos de doctorado, sino también profesores de diferentes disciplinas-, y la calidad de las aportaciones realizadas, hizo pensar que merecía la pena recogerlas en una monografía, con el fin de que alcanzaran una difusión mayor que la que habitualmente se obtiene en estos actos académicos. Así nació este libro, que contiene dichas aportaciones, una vez revisadas y reelaboradas para la publicación por sus autores.

No se trata, evidentemente, con este trabajo de realizar un análisis integral y exhaustivo de los diferentes usos del agua que se han producido en el transcurso de la historia de este país. Un ambicioso objetivo para llegar al cual queda todavía mucho trabajo por hacer. Sin embargo, es una buena guía del camino a seguir y un buen inventario de algunos de los temas fundamentales que deben abordar las investigaciones sobre el uso y la gestión del agua. Tampoco se pretende con estas páginas plantear un mero "estado de la cuestión". Primero, porque se requerirían más investigaciones sobre las que hacer balance; pero también porque los que han contribuido a este libro aportan en él los resultados de sus propias investigaciones.
Dada la natural heterogeneidad de este tipo de estudios, los editores hemos creído conveniente presentar una breve nota preliminar en la que se plantea, primero, un esbozo general de los problemas básicos relativos a la hidráulica española y, en segundo lugar, se presentan los distintos trabajos con el fin de contextualizarlos en un esquema de conjunto.

El uso y la gestión del agua es un tema de una enorme trascendencia para un país como el nuestro, en el que siguen existiendo profundos desequilibrios hídricos. El medio natural, así, se convierte en una poderosa "incitación" para las actuaciones del hombre. Por ello, no es extraño que estos espacios áridos, indigentes desde el punto de vista hídrico, como es el nuestro, hayan sido históricamente los espacios pioneros en realizaciones de todo tipo. Construcciones -como azudes, canalizaciones, norias, embalses o trasvases- y elaboradas formas de gestionar el recurso son testimonio de ello durante todo el devenir histórico. Ello indica que los habitantes de estos medios han mostrado siempre una gran capacidad para la estructuración del espacio y la regulación en todo lo relativo al agua. De ahí el interés de los ejemplos que se incluyen en esta monografía. Todos ellos tienen en común la pertenencia a esa España "seca", en la que el agua lo condiciona todo.

Además el tema del agua es de una enorme complejidad, y sigue suscitando fuertes polémicas, como, recientemente, ha ocurrido a propósito del Plan Hidrológico Nacional. En efecto, la historia nos confirma la aspereza de los conflictos provocados por el control de este recurso en aquellas sociedades en las que su escasez lo convierte en un factor de producción vital para los procesos de desarrollo económico. El agua es un bien muy especial: es privado y público; puede consumirse y destruirse, aunque posee una gran capacidad de regeneración; puede circular libremente o puede almacenarse; es necesaria para sobrevivir, un input económico, un valor ambiental y un disfrute estético. En definitiva, el agua es mucho más que un factor de producción, es un activo social de carácter básico, puesto que, como se señala con frecuencia, sin agua no hay vida. Los recursos disponibles, la tecnología que permite su aprovechamiento y los criterios que regulan su disfrute condicionan decisivamente la forma de vida de la población; máxime en aquellas sociedades, como la mediterránea, en las que éstos son un bien fundamental pero limitado y, por lo tanto, su uso se ve mediatizado por la escasez y por la permanente elección entre aprovechamientos alternativos.

Por todo ello, el agua es, qué duda cabe, un tema transversal, que requiere del concurso de distintas disciplinas para su análisis. El desarrollo económico moderno ha impuesto una fuerte presión sobre los recursos naturales y un elevado deterioro ambiental, en muchos casos difícil de evitar. Se impone, pues, que los diferentes especialistas contribuyan a la articulación de una nueva cultura que propicie una gestión más eficiente de estos recursos "en peligro" que de paso a un desarrollo más sostenible y elimine comportamientos nocivos como el derroche o la contaminación. Ello implica que el carácter limitante de ciertos recursos -como es el caso del agua- se sitúe en el centro de las decisiones. En el caso del agua y en los espacios en los que escasea, se están produciendo modificaciones importantes en la regulación de su aprovechamiento. Así, la introducción del mercado en un ámbito en el que históricamente siempre había existido, pero nunca se había regulado. También la planificación hidrológica y la mayor participación de los usuarios. Asimismo, cabe destacar la apuesta, necesaria, por nuevas técnicas que permitan el ahorro, el reciclaje y la reutilización. Se trata de incentivar todas aquellas actuaciones que promuevan un uso más razonable de este recurso.

Esta nueva cultura del agua debe compatibilizar la eficiencia económica con la atención a la dimensión ambiental, lo que supone equilibrar una política de oferta con otra de ahorro o contención de la demanda; debe establecer una relación congruente entre los criterios económico-ambientales y el diseño de un sistema de gestión, con una utilización prudente de mecanismos de regulación y de mercado; debe contemplar la participación cívica en el debate sobre política hidráulica, requiriendo la colaboración de la pluralidad de los agentes sociales; y debe también encontrar el equilibrio entre el principio de solidaridad y el de subsidiariedad.
Los trabajos que se incluyen en este libro, a pesar de su heterogeneidad, tienen en común el análisis de la búsqueda de soluciones que los habitantes de espacios áridos han desarrollado en los diferentes períodos históricos. En primer lugar, aludiremos a aquellas aportaciones que analizan diferentes modelos históricos de uso y gestión del agua. Ello no quiere decir que en estos estudios no se incluya una reflexión implícita o explícita sobre sus implicaciones socioeconómicas. Son los textos sobre la España andalusí, los regadíos mediterráneos, la cuenca del Segura y el caso de las islas Canarias.

El trabajo que el profesor Ángel Poveda dedica a la hidráulica andalusí se encuadra en el contexto de las aportaciones realizadas por P. Guichard y M. Barceló, con las que se cuestionan las tesis de K. A. Wittfogel acerca de que los sistemas complejos de regadíos, que requieren grandes realizaciones hidráulicas, conllevaban la existencia de sistemas políticos centralizados, de carácter despótico y burocrático. Su investigación -bien fundamentada y rigurosamente construida- incide en el papel desempeñado por las colectividades campesinas en el regadío, rechazando la idea de que las sociedades, cuya base es el control del agua, hayan de depender forzosamente de organizaciones políticas centralizadas, sino que, por el contrario, uno de los principales rasgos de las comunidades hidráulicas andalusíes es la descentralización.

La aportación de Guy Lemeunier se centra en el análisis del sistema hidráulico de la España mediterránea durante la Edad Moderna. Muy bien contextualizada en la historiografía existente sobre el período y excelentemente documentada, nos muestra el carácter esporádico de estos sistemas de pequeña y mediana hidráulica de altura, sobre los que reposaba la economía agraria mediterránea. Su trabajo desarrolla un análisis muy acertado sobre la existencia de dos tipos de estatutos del agua, que determinaron la existencia de dos realidades socioeconómicas diferentes: uno, aquel en el que el agua iba unida a la tierra y, otro, el de la venta de agua, donde la propiedad de ésta estaba separada de la tierra. Dos modelos distintos que conllevaron el desarrollo de unas estructuras sociales diferentes en los regadíos mediterráneos. Debemos al autor una descripción precisa y una acertada interpretación de unos sistemas de riego tradicionales, que están desapareciendo a un ritmo acelerado desde el desarrollo de la moderna hidráulica.

Mª Teresa Pérez Picazo nos muestra el modelo de transición de los regadíos de la cuenca del Segura desde esos vulnerables "mundos de barro" que eran las huertas a mediados del siglo XIX hasta la "gran hidráulica". Ese proceso conllevó que la gestión de los recursos se desplazara desde los organismos e instituciones locales (heredamientos) a otras de carácter estatal. Gran conocedora de las cuestiones hidráulicas y, en particular, de los regadíos, la autora relaciona las características del medio natural con las opciones tecnológicas y el marco institucional en el que se desarrollaron. Así, nos muestra unos regadíos caracterizados por el déficit de recursos hídricos, con unos índices muy elevados de concentración de la propiedad de la tierra, compensada por la hegemonía de la explotación indirecta bajo la forma de contrato en precario, y en los que el control del agua era un elemento de control social, utilizado eficazmente por la clase propietaria mediante la venta del derecho a riego y a través del dominio de los organismos de gestión.

Antonio Macías sintetiza la historia de un sistema hidráulico de propiedad y gestión privada del agua que nada tiene que ver con el que se desarrolla en la mayor parte del territorio peninsular. Una particular historia que adquiere, además, una notable relevancia analítica a la hora de valorar la pretendida eficiencia de la propiedad privada en la gestión de este activo social. En realidad, el agua es el pretexto que utiliza como hilo conductor para elaborar una historia económica y social de las islas Canarias desde la conquista, en la que nos muestra la prelación que, en todo momento, ha tenido el interés particular sobre el colectivo. La particularidad de la separación de la propiedad del agua de la de la tierra, vigente hasta la actualidad, está en la génesis de un singular mercado, cuya expansión ha ocurrido paralela a la de la demanda hídrica vinculada a diferentes producciones: azúcar, cochinilla, barrilla, vino, plátano, tomate... Gráficamente, el autor nos relata como el hacha, el arado y el fuego se dieron la mano, y el patrimonio común fue retrocediendo ante el avance de un proceso privatizador de carácter legal o clandestino, que alcanzó su "climaterio" a finales del siglo XVIII y principios del XIX. La confluencia de antiguas demandas agrícolas con otras nuevas (urbana-turística) ha determinado un sostenido crecimiento de los precios del agua, mientras que los mecanismos de mercado han impuesto su lógica productivista en la asignación del recurso.

El artículo de Joaquín Melgarejo analiza la política hidráulica desarrollada por el Estado durante el siglo XX. Se estudia el proceso histórico que abarca desde la aparición de las primeras exigencias -vinculadas al pensamiento regeneracionista- que reclaman una intervención estatal en materia hidráulica, que cristalizan con la creación de las confederaciones, hasta la promulgación de la actual legislación de 1985, que llevó implícita la sustitución de la política hidráulica por la planificación hidrológica. Los cambios experimentados en la política hidráulica desarrollada por el Estado y el análisis de sus actuaciones en los diferentes períodos históricos son los ejes en los que se centra el trabajo. Por su parte, Carlos Barciela y Mª Inmaculada López ponen de manifiesto cómo la política hidráulica durante el franquismo fue concebida como una política de riegos, que se vio complementada con la colonización. Ello conllevó un modelo de reforma agraria cuyo objetivo principal era la modernización de la agricultura, mediante la puesta en regadío y otras mejoras técnicas, mientras que se relegaba lo social a un plano secundario, consistente en la creación de unos pocos patrimonios familiares en los que se asentaron un número reducido de colonos. La articulación y los resultados de las políticas colonizadoras -la de grandes zonas y la de interés local- son analizados en este estudio, poniéndose de manifiesto cómo los grandes beneficiarios de ambas fueron los propietarios que modernizaron sus explotaciones con la ayuda del Instituto Nacional de Colonización.

Para finalizar esta nota preliminar, nos referiremos a los dos artículos que cierran el volumen: el de Pedro Arrojo y el de Julián López. Ambos autores se plantean un ejercicio de contraste del actual marco institucional español con otros modelos: el primero, con el desarrollado en California y el segundo, con la experiencia liberalizadora llevada a cabo en Inglaterra y Gales. En el caso norteamericano, a finales de la década de los setenta, culmina un apasionado debate sobre la política hidráulica, que acabó por enterrar la tradicional estrategia estructuralista, archivándose la inmensa mayoría de los proyectos que estaban en discusión. Por el contrario, los programas y actuaciones para incentivar el ahorro y la eficiencia se convirtieron en una pieza clave en el proceso de liberalización de los recursos, situando las estrategias de optimización de la gestión en el centro de la política y de la planificación hidráulica. En este trabajo, se evidencia que, en el caso español, no se observa inflexión alguna en las estrategias estructuralistas, mientras que los recursos subterráneos -a diferencia de lo ocurrido en California- no han sido utilizados como amortiguadores en los períodos de sequía, observándose también las notables disparidades existentes en cuanto a las proyecciones de la demanda hídrica. Por su parte, el análisis realizado por J. López, a la luz de la experiencia de Inglaterra y Gales, pone de manifiesto las dificultades que conlleva la introducción de la competencia en actividades como las desarrolladas por las compañías suministradoras de agua, donde la existencia de factores que tienden a limitar la competencia obliga a establecer un estricto control regulador cuando las empresas son de propiedad privada. Aunque existen grandes diferencias con respecto a la situación en que se encuentra la industria del agua en nuestro país, el texto nos puede servir de referente para comprobar que, en este sector, la liberalización no puede tener éxito si no lleva aparejadas ciertas formas de intervención pública, pues, si no se establecen controles reguladores adaptados a las necesidades que plantea la nueva organización de las actividades asociadas al agua, es muy probable que no aparezcan presiones competitivas.

Podemos concluir que todos los capítulos de este libro, que cubren un amplio aspecto temático acerca de los usos y la gestión del agua, constituyen una aportación sólida sobre uno de los principales problemas que tienen planteados los espacios en los que el agua es un bien fundamental, pero escaso.