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La reconstrucción de la razón. Elías Díaz, entre la ética y la política

Introducción

Habría que apresurarse a matizar el título añadiendo: “con la mediación del Derecho”. Ética y política son las dos coordenadas sobre las que se fragua el pensamiento de Elías Díaz, pero precisamente para reflejar el peso específico que ambas tienen en su filosofía, hay que destacar el imprescindible papel mediador que el Derecho tiene que representar entre ambas dimensiones; entre la conciencia individual por un lado, y las reglas que rigen la vida política por otro.

El libro se organiza alrededor de cuatro grandes apartados: los tres primeros tratan de recoger lo más significativo de sus aportaciones intelectuales, historia de las ideas, filosofía política y filosofía del Derecho; a ellos he añadido un cuarto, unas consideraciones finales que he utilizado para expresar todas aquellas ideas que la lectura de su obra me ha sugerido, y que para no distorsionar el discurso argumentativo que he seguido en cada capítulo, se recogen y comentan en esa parte final. Precisamente por tener un carácter más subjetivo, este capítulo ofrece el flanco a más críticas que podrían sintetizarse en una: ¿por qué se polemiza sobre esos temas y no sobre otros? Mi respuesta es una invitación, redundante en filosofía, a la crítica. Siguiendo con la organización del libro, un simple vistazo al índice muestra que los tres primeros apartados no están proporcionados. He dedicado más espacio al primero que al segundo, y a su vez más a éste que al tercero. Sin duda mi perfil académico y mis preocupaciones intelectuales no son ajenas a esta circunstancia (soy licenciado en Filosofía, no en Derecho), pero quisiera señalar aquí que también es cierto que al hablar de la reconstrucción de la razón, de contenido más propiamente histórico, y precisamente por tratar de ajustarme al pensamiento de Elías Díaz, no he eliminado las referencias políticas, éticas o iusfilosóficas que el análisis de los problemas allí planteados suscita, antes al contrario, he procurado tomar buena nota de ello, y esa puede ser también otra justificación añadida a esa desproporción del espacio dedicado al tema de la reconstrucción de la razón en España.

En este apartado de justificaciones tengo también que señalar una afortunada circunstancia que ha planeado constantemente sobre este trabajo y merece comentarse: el hecho de que trate sobre un autor vivo. Esta es una característica que no se prodiga demasiado en las monografías de investigación en España y, obviamente, tiene ventajas e inconvenientes. Entre estos últimos está el hecho de que el <tema> de estudio sigue publicando, y aunque Elías Díaz es un autor en el que no se registran bruscos giros de timón en su trayectoria intelectual, qué duda cabe que ver crecer la obra del tema elegido para estudiar no es lo más deseado por el autor. De hecho esta circunstancia se refleja en la propia forma de redactar el trabajo, y a medida que la lectura (y el tiempo) transcurre, el lector (igual que el autor) va descubriendo que <el tema ha crecido>, y que hay nuevos libros del profesor Díaz que inciden, sin sobresaltos, es cierto, pero siempre matizando, perfilando y debatiendo sobre diferentes aspectos de la filosofía política y jurídica, que le dan al libro un aire de <obra abierta>. Otro de los inconvenientes resulta ser aquel imperativo dirigido a la mujer del César. Parece que dedicar un trabajo a un autor en activo con el prestigio y autoridad que tiene Elías Díaz exige un plus de crítica. En el Epílogo volveré sobre esto, pero antes creo que debo señalar que Elías Díaz lo ha leído y realizado comentarios que me han sido muy útiles. La responsabilidad de lo publicado es, claro, sólo mía.

Y entre las ventajas la más importante es la que acabo de señalar; poder contar con los comentarios críticos de aquél a quien se está analizando críticamente (sobre todo cuando tiene la bonhomía del profesor Díaz), es un auténtico lujo. Además, gracias a él he podido contar con importante material (inédito en ocasiones) que me hubiera sido muy difícil conseguir de otra forma. Finalmente, aunque me he centrado en su obra publicada, el haber podido entrevistarme con él cuando ha sido necesario, me ha permitido aclarar las escasas ambigüedades con las que he tropezado (la presencia de Ortega en su obra, la de su supuesto iusnaturalismo deontológico inicial... y pocas más).

La orientación de este trabajo y su metodología viene regida por el siguiente principio: no recensionar al detalle, sino plantear y debatir sobre las ideas-nervio que recorren su obra publicada. Y para hacerlo así he adoptado una perspectiva fundamentalmente diacrónica. Éste no sólo es un aspecto permanentemente reivindicado en los trabajos del profesor Díaz, sino que considero que un adecuado conocimiento y valoración de los mismos sería imposible de no tenerlo en cuenta. Esto justifica que haya mantenido la referencia a autores como el centenario Jünger o Laín Entralgo, fallecidos en el transcurso de la redacción del libro; o que haya señalado especialmente polémicas aparecidas en el mismo momento en el que escribía, como las suscitadas por Javier Marías o Gregorio Morán.

Este libro es el resultado final de dos circunstancias relacionadas: mi tesis doctoral (leída en la Universidad de Alicante en octubre de 2002), y las sugerencias que sobre ella hicieron los miembros del tribunal: José Delgado Pinto (presidente), Javier Muguerza, Francisco Laporta, Juan Ruiz Manero y Josep Aguiló. Mi director fue Manuel Atienza, y con él y el Área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante (un poco frecuente ejemplo de sólido trabajo de equipo), quisiera comenzar los agradecimientos, que hago extensibles también a mi familia, desde mis padres y hermanos, hasta mis hijos, Víctor y Adrian, y mi mujer, Fabiola. A mis amigos, todos, y a Elías Díaz, por todo.

Reseña biográfica

Es difícil encontrar algún trabajo de Elías Díaz en el que no se haga mención a la importancia que tiene el recoger adecuadamente la realidad socio-histórica concreta, precisamente para evitar interpretaciones esencialistas o extemporáneas. Ahora que es él el objeto de estudio, y precisamente para evitar esas malinterpretaciones, hay que aplicar este mismo principio. Es obvio que para cualquier filósofo del Derecho que pase (digámoslo así) de una cierta edad, la obra y peripecia biográfica de Elías Díaz le serán de sobra conocidas. Pero este trabajo, como la Ética, tiene pretensión de universalidad, de ahí esta (brevísima) reseña biográfica.

Una visión de conjunto más detallada puede encontrarse en su autobiografía intelectual (Anthropos 1986), y en la entrevista recogida en el número monográfico que la revista Doxa le dedicó (1994); ambas referencias amplían sustancialmente las breves notas que aquí voy a recoger. Su bibliografía la recojo en un apéndice final.

Elías Díaz García nace el 5 de junio de 1934 en Santiago de la Puebla, Salamanca. <Los años de Salamanca> llama el interesado a aquéllos que van del 34 al 56, tiempo en el que acaba sus estudios universitarios. Los años que van del 56 al 65 son los dedicados a los estudios de postgrado y doctorado en Madrid, Bolonia, Friburgo y Munich. Inicia en esos años sus primeras publicaciones, y forma parte del equipo fundador de la revista Cuadernos para el diálogo. Los años que van de 1965 a 1975 son los más intensos en su peripecia vital; su primer libro Estado de Derecho y sociedad democrática se publica en 1966 y es inmediatamente secuestrado por la autoridad gubernativa. A lo largo de ese período se suceden más publicaciones, una intensa actividad política antifranquista que le lleva a ser primero detenido y luego deportado a Villagordo (Jaén), durante el estado de excepción de 1969. Posteriormente marcha como profesor visitante a la Universidad de Pittsburgh, EE.UU. En 1973 comienza a editarse, con él como director, Sistema, revista de ciencias sociales, labor editorial que continúa actualmente. En 1974 accede a la cátedra de Filosofía del Derecho de la Universidad de Oviedo tras una oposición kafkiana, en la que González Vicén, Delgado Pinto y López Calera, rompen la férrea disciplina impuesta por el entonces capo de la asignatura Elías de Tejada.

El 20 de noviembre de 1975 con la muerte del dictador se inicia una nueva etapa de normalidad democrática que, en el caso de Elías Díaz, se caracteriza por sus esfuerzos por colaborar con la transición a la democracia, por su militancia en el Partido Socialista Obrero Español del que actualmente se considera (en frase célebre) <militante aunque no simpatizante>, y por su labor docente como catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, a la que se ha dedicado por entero tras una breve estancia de meses como director del Centro de Estudios Constitucionales.

Casado con Maite Villar, es padre de dos hijos, Miguel y Pablo, y abuelo de Miguel.