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Aguaceros, aguaduchos e inundaciones en áreas urbanas alicantinas

Fragmento

Capítulo 1: Riesgo de inundaciones en tierras alicantinas. Conceptos y método de trabajo

Jorge Olcina Cantos
José Manuel Giménez Ferrer

 

1. El análisis del riesgo. Un tema eminentemente geográfico

El estudio del territorio, en su relación con la temática ambiental inherente al mismo, figura como uno de los temas de mayor difusión y trascendencia en todo tipo de contextos. El viejo cauce ecológico mediante el que se sustenta esta aproximación ha estado siempre presente en la ciencia geográfica desde el inicio de su concepción. Así, Estrabón, precursor esencial en los orígenes de la geografía, inmerso en la tendencia de su época de conocer y describir lugares, ya encaró la relación del hombre con el medio, pero ello lo hizo desde una óptica eminentemente antropocéntica, considerando a la superficie terrestre como el teatro en el que se escenifican las acciones de los individuos, obviando la importancia del papel del territorio en la tipología y forma en que se manifiesta dicha escenificación. Sus preocupaciones se centraron en el ambiente cultural o social, a diferencia de sus sucesores que prestarán una mayor atención al marco en el que se desenvolvía la acción antrópica, independientemente de la postura determinista o posibilista que presidiera dicha relación. El largo periodo cultural que va desde la figura geográfica de Estabón hasta la de Varenio (siglo XVII), es testigo del énfasis puesto en el estudio exclusivo del ambiente natural, descuidándose en exceso las relaciones de éste con el hombre. Todo ello condujo a una extraordinaria difusión de la vertiente menos corológica de la geografía, en la que no fueron tan importantes los lugares y sus relaciones con las gentes que les daban dicho cariz, como los aspectos físicos que explicaban los procesos que acontecían en la superficie terrestre, independientemente de las interacciones que entre éstos y el hombre se produjeran.

Ya en siglo XVII, Varenio vuelve a la idea de la superficie terrestre como morada del hombre, retomándose ya en el XVIII la dialéctica de las relaciones hombre-medio en los planteamientos metodológicos y epistemológicos de dos grandes maestros de la geografía contemporánea: Humboldt y Ritter. A partir de entonces, la supervivencia de un paradigma sustentado en el estudio de la casuística de dicha relación quedará garantizada en la geografía por la necesidad de tratar la creciente complejidad que el desarrollo social y tecnológico naciente generaba en la misma. Hoy, la vigencia del estudio y conocimiento de la temática hombre-ambiente es de una actualidad sorprendente, plenamente inserta en los paradigmas doctrinales inherentes al desarrollo de nuevas problemáticas propias de la sociedad moderna, donde el conocimiento del estado, cuantitativo y cualitativo, de la totalidad de elementos y procesos que conviven con el hombre en el planeta es base permanente en el sustento de una discusión de capital trascendencia para el equilibrio de una relación cada vez más desestructurada.

El desarrollo creciente de las investigaciones y estudios afines con la temática de los riesgos naturales está estrechamente relacionado con la declaración, por Naciones Unidas, del decenio de los 90 como Década Internacional para la reducción de los riesgos naturales. Pese a que ello auspiciaba que en cada país germinará un importante foro de reflexión, debate e investigación y puesta en marcha de eficaces medidas para la mitigación de daños, los logros no han sido tan numerosos como habría sido del todo deseable. En España, pese el aumento exponencial de los estudios, investigaciones y trabajos aplicados en la materia, no se ha aprovechado esta coyuntura para la creación de un marco legislativo propio en la materia. Pero, por desgracia, ello no es lo único negativo, ya que sigue perdurando el análisis político de las situaciones de riesgo como un aspecto meramente coyuntural y estrechamente relacionado con la adopción de medidas de mitigación siempre a posteriori de la concurrencia del episodio causante de unos efectos, en muchos casos, cuyas connotaciones catastrofistas no están en absoluto relacionadas con la capacidad de intervención de una sociedad tan desarrollada como la española.

En el caso del riesgo por crecidas, avenidas fluviales e inundaciones existente en las tierras alicantinas, la raíz básica del problema no está, en absoluto, en el desconocimiento de la casuística que justifica la concurrencia del proceso natural extremo, así como tampoco de la interacción que ésta produce con la ocupación antrópica de un territorio en el que dichos eventos son propios de su dinámica. Por desgracia, es evidente la falta de un adecuado sistema público de actuación ante el más genuino problema ambiental al que la sociedad puede enfrentarse, el cual no es otro que la generación de una situación de riesgo por una desacertada actuación humana en relación con un medio que, en muchos casos, más que acogerla, la soporta. En efecto, no se ha de perder de vista que el concepto de riesgo hace referencia al daño potencial que la sociedad puede recibir por una inadecuada acción de la misma, con lo que ella es sujeto activo y pasivo de una problemática cuya solución descansa en la regulación pública de un método de trabajo de amplísimas connotaciones geográficas.

El análisis del riesgo es un tema eminentemente geográfico desde el punto en el que sobre el mismo descansa el estudio de la dialéctica hombre-medio focalizada en un determinado ámbito. El estudio del riesgo de avenidas fluviales e inundaciones ha de sustentarse en el conocimiento de la casuística ambiental que justifica la concurrencia de fenómenos naturales extremos (fuertes precipitaciones y crecidas fluviales), debidamente territorializada en un espacio ocupado, o de futura ocupación, por actividades antrópicas. Desde un punto de vista geográfico, muchas son las aproximaciones que al efecto pueden realizarse con la finalidad de contribuir al conocimiento de la dialéctica que está en la base de la definición del riesgo, destacando las siguientes en la presente investigación:

  1. El estudio de los mecanismos climáticos e hidrológicos que están en la cúspide de la determinación de la peligrosidad del territorio por la concurrencia de avenidas fluviales e inundaciones.

  1. El análisis de los ámbitos peligrosos y la zonificación del grado de impacto negativo que la acción humana puede generar en su ocupación, excluyendo unos ámbitos de la misma y estableciendo las medidas a adoptar para que las que se prevean desarrollar lo hagan bajo la seguridad máxima ante un acontecimiento natural extremo (se estaría en la más deseable de las situaciones, ya que se parte de la planificación previa acorde con la capacidad del medio para acoger actuaciones antropogénicas). Eso es lo que se debería haber hecho antes de diseñar la ocupación urbanística e infraestructural, así como su explotación agrícola, de gran parte de ámbitos de notorio peligro por la concurrencia de crecidas e inundaciones.

  1. La no aplicación de este análisis previo lleva consigo que otra vertiente del estudio geográfico de los riesgos esté orientada al diagnóstico de zonas de riesgo y puntos conflictivos, ya que la peligrosidad existente ha sido, en muchos casos, brutalmente transformada en situaciones de riesgo en las que el desconocimiento, la desidia o, en ocasiones, la falta de la más pura sensibilidad ambiental, han derivado incluso en zonas catastróficas tras la sucesión de crecidas fluviales originadas por precipitaciones de fuerte intensidad horaria. En este caso, metodológicamente, se está ante el diagnóstico de la vulnerabilidad y la exposición territorial de cada ámbito peligroso, en función de lo cual el riesgo será mayor o menor en caso de avenida fluvial.

Vemos por tanto como el papel del geógrafo en el estudio de esta dialéctica es trascendental, ya que su formación aúna conocimientos y herramientas para llevar a cabo, con gran efectividad, todos los procesos que desemboquen en un diagnóstico territorial orientado a la determinación de zonas de peligro y riesgo por crecidas fluviales. Por desgracia, el desconocimiento de estas aptitudes profesionales por parte de la administración y la sociedad es, hoy por hoy, la nota casi predominante, con lo que la estipulación de una normativa que recogiera el análisis de peligrosidad y riesgo desde la mejor de las escalas, la municipal, auspiciada por cuerpos técnicos en los que el geógrafo tenga un papel técnico y decisorio; así como las medidas a adoptar entren en un marco de eficaz aplicación, sigue siendo una utopía. No basta con la aprobación de instrumentos de ordenación del territorio que, con carácter sectorial, traten de realizar unos estudios que, por obvios motivos de escala, se escapan a la óptica que fundamenta la mejor de las determinaciones al efecto. Se ha de seguir siendo perseverante en la materia, pero, por desgracia, parece que la administración únicamente reacciona a golpe de catástrofe, cuando son muchas las vidas y los bienes perdidos por la falta de medidas que ataquen a la raíz del problema: el estudio geográfico de la problemática de las avenidas fluviales e inundaciones desde una óptica acorde con al dinámica de las redes fluviales que, en gran medida, justifican la concurrencia del riesgo existente en gran parte de la provincia de Alicante.

Crecidas, avenidas fluviales e inundaciones constituyen fenómenos físicos y socioeconómicos que afectan a las actividades humanas y, a su vez, son modificadas por ellas. En esta perspectiva, se resalta la complejidad de las crecidas en tanto que sucesos hidrogeomorfológicos decisivos en la evolución del sistema fluvial (y en tanto que acreedores de las inundaciones), se establece una de las relaciones más paradigmáticas del hombre con su entorno ambiental. Relaciones éstas que no dejan de estar en la cúspide del más importante de los paradigmas del conocimiento geográfico.

2.Aspectos conceptuales inherentes al estudio geográfico del riesgo de avenidas fluviales e inundaciones

El estudio de la problemática de las crecidas, avenidas fluviales e inundaciones en los ámbitos urbanos más representativos de la provincia de Alicante, tiene por objeto la realización de una clasificación sistemática de las zonas inundables en función a los daños que puedan producirse teniendo en cuenta la probabilidad o expectación de destrucción o deterioro de la totalidad de elementos de un sistema territorial. Todo ello es consecuencia de la ocurrencia de episodios torrenciales nada ajenos a la dinámica ambiental imperante, las cuales exceden de una valor específico, por lo que la respuesta del territorio ante los mismos puede devenir en riesgo. Por tanto, el riesgo constituye la manifestación de la condición de debilidad de un territorio ante la concurrencia de un evento natural de casuística extrema, como es el caso de las avenidas fluviales e inundaciones, con lo que la condición de riesgo sólo se da cuando su ocurrencia se produzca en un área ocupada por actividades humanas que deben afrontar las consecuencias de dicho fenómeno. Desde esta perspectiva, la literatura especializada al efecto coincide en la descomposición del riesgo en tres componentes fundamentales y de indudable importancia en la correcta conceptualización del proceso (AYALA, 1987, 1990, 1993, 1999, 2000 y 2001; ANEAS DE CASTRO, 2000; BECK, 1998; BURTON, 1999; CALVO, 1982, 1984, 1997, 2000 y 2001; CARDONA, 1996; HORCAJADA, SIMANCAS y DORTA, 2000; I.T.G.E., 1988; MASSONE, 1999; MATEU, 1990, 1992 y 1993; M.O.P.T., 1992; ORTEGA, 1991; OLCINA, 1993, 1994, 1997, 1998 y 2000; PITA, 1999 y WHITE, 1975). Éstos son la peligrosidad natural, la vulnerabilidad y la exposición.

La peligrosidad natural hace referencia a la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno natural, generalmente de carácter sorpresivo, de evolución rápida y de relativa severidad, que se concentra durante un determinado periodo de tiempo y en un lugar, afectando a un componente o a la totalidad del sistema territorial expuesto. Es, básicamente, un acontecimiento extremo de la naturaleza, potencialmente dañino para los seres humanos y que se produce con la frecuencia suficientemente reducida para no ser considerado parte de la condición o estado normal del medio, pero sin dejar por ello de ser motivo de preocupación en una escala de atención antrópica, ni de formar parte de la propia dinámica del ámbito en el que se manifiesta. Las crecidas y avenidas fluviales constituyen por tanto el fenómeno natural extremo, que fundamenta la peligrosidad objeto de atención. Las crecidas fluviales mediterráneas son sucesos cortos, de origen pluvial, predominantemente equinocciales, súbitos y desorbitados, los cuales constituyen un rasgo hidrológico de primer orden en las tierras alicantinas. Avenidas y crecidas constituyen momentos en los que se incrementan los flujos de energía a través del sistema (entradas en forma de precipitación y salidas de caudal sólido y líquido), superándose unos umbrales de resistencia en la cuenca, conformándose éstas como trascendentales episodios de aceleración (en los procesos de erosión, transporte y deposición) en la evolución ambiental de todo ámbito fluvial. Por tanto, crecidas y avenidas fluviales constituyen las amenazas, resultantes de la combinación de la tipología y características de los eventos torrenciales con el conjunto de factores físicos del área afectada por los mismos; constituyendo ello la causa desencadenante de una potencial situación de riesgo de avenida.

El concepto de exposición va ligado a la connotación más geográfica del problema de los riesgos, ya que éste se utiliza para determinar los elementos ubicados en ámbitos de peligro, es decir, la distribución espacial de la población, actividad económica, bienes materiales, obras de ingeniería civil, servicios públicos..., sobre los que puede impactar negativamente el fenómeno natural de connotaciones peligrosas. Constituye así la expresión espacial de la interrelación y combinación de los eventos lluviosos extraordinarios y sus consecuencias (crecidas, avenidas e inundaciones) y los elementos vulnerables del sistema territorial.

Los elementos vulnerables del sistema territorial conforman otra de las componentes esenciales en la correcta conceptualización del riesgo de avenida. La vulnerabilidad es la susceptibilidad de los elementos ubicados en ámbitos de peligro para ser dañados total (destrucción/muerte) o parcialmente (deteriro/daños) tras la concurrencia del fenómeno natural extremo que fundamenta la peligrosidad existente. Su vinculación es directa con el nivel socioeconómico e institucional del territorio donde potencialmente pueden impactar las lluvias torrenciales causantes de las crecidas e inundaciones, constituyendo un indicador de primer orden del grado de eficacia de un determinado grupo social para adecuarse al medio en el que se instala. La relación es inversa y directamente proporcional: a mayor vulnerabilidad, menor preparación de un determinado ámbito para soportar favorablemente la concurrencia de fuertes precipitaciones sobre las cuencas ubicadas en su seno. Es, por tanto, un notorio exponente de la condición humana, una característica de la estructura social y un producto de los procesos sociales e históricos mediante los cuales se ha organizado y articulado la ocupación y explotación de un determinado territorio.

Así, el riesgo de avenidas como tal está íntimamente relacionado, no sólo con el grado de exposición de los elementos sometidos, sino también con la predisposición de los mismos a ser afectados por tal evento. Se ha de tener muy presente que el riesgo de avenidas e inundaciones no es sinónimo de la concurrencia de las amenazas naturales, ya que no depende únicamente del desarrollo y magnitud de las mismas, sino de la vulnerabilidad de un componente, o de la totalidad del sistema territorial, expuesto a ellas. Prosiguiendo con el análisis conceptual inherente a la geografía de los riesgos, desastres y catástrofes constituyen la ocurrencia efectiva del riesgo que, debido al grado de vulnerabilidad de los elementos expuestos (bienes y personas) causa efectos adversos sobre los mismos. Así, el riesgo hace referencia a los efectos que tendría el desarrollo de copiosas precipitaciones sobre el ámbito de estudio, pero la ocurrencia real de las mismas transforma el riesgo en un suceso dañino, catastrófico o desastroso en función a la virulencia del mismo y a la respuesta de la sociedad ante éste. Por tanto, el riesgo de avenida es el resultado de la identificación conjunta y combinada de dos factores fundamentales: unos físicos, donde los fenómenos meteorológicos que son causa de las lluvias torrenciales y las condiciones fisiográficas de las cuencas receptoras de la misma determinan el grado de peligro, o amenaza, existente; y otros humanos, mediante los cuales se expresa el grado de vulnerabilidad (adaptación) que la sociedad presente en el ámbito amenazado tiene ante la ocurrencia de crecidas e inundaciones.

Riesgos y desastres revelan procesos sociales básicos, explicándose a la vez, aunque no totalmente, a partir de los mismos; por lo que entender qué pasa en la dialéctica entre las avenidas fluviales y el territorio que las “sufre” requiere de un examen exhaustivo de las condiciones físicas y humanas que han caracterizado y caracterizan a los núcleos urbanos de las tierras alicantinas, labor ésta de indudables connotaciones geográficas.