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La censura y el nuevo cine españolCuadros de realidad de los años sesenta

La censura de siempre por Diego Galán

Hacerse mayor crea tal incomunicación con los jóvenes que parece uno proveniente de otra galaxia. Menos mal que hace sólo unos días David Trueba, que es aún joven, escribió en El País sobre la censura existente en el cine de nuestros días: "Cualquier tentación de convencerse de que la censura fue un cuento del pasado de párrocos trasnochados es mejor desecharla. Hoy, la censura trabaja asociada al dinero, que es el nuevo dios".

Me quedo sobre todo con la falacia de que la censura fue un cuento del pasado. Porque cuando hablas del tema con jovencitos o jovencitas te ponen tal cara de incredulidad que te ves a ti mismo como un viejo fantasioso. O no prestan interés a lo que consideran batallitas seniles, lo que es mucho peor ya que deben creer que esas cosas no se repetirán jamás, que el franquismo ha vivido ya su borrón y cuenta nueva.

Ilusos, piensa el viejo recalcitrante. No hay que remontarse a un pasado muy lejano para encontrarse con historias de aquella censura de curas y militares que se ejercía desde el ministerio que hoy equivaldría al de Cultura. Para recordarlas o dejar constancia de ellas el investigador Luis Vaquerizo García ha elaborado un trabajo exhaustivo y minucioso que ahora ve la luz, editado por la Universidad de Alicante, La censura y el nuevo cine español, en el que desmenuza la cantidad de problemas que tuvieron los jóvenes cineastas de entonces -los años sesenta-, que paradójicamente eran auspiciados por ese mismo ministerio con la pretensión de dar fuera de España un aspecto moderno y aperturista del régimen de Franco. Era, ya se sabe, una estrategia del ministro Fraga Iribarne, el mismo que anunciaba las condenas a muerte que el Generalísimo firmaba con fruición... pero esa es otra historia.

Sería magnifico que el libro de Vaquerizo -subtitulado como "cuadros de realidad de los años sesenta"- fuera leído por los jovencitos escépticos a los que antes me refería. Podrían entenderlo como un libro de humor si lo que contara no fuera trágico.. y reversible. Porque, como apuntaba David Trueba "cuando Dios dejó de existir, los censores se pusieron a buscar otra motivación para proteger a los súbditos de los daños irreversibles que una exposición desmesurada a la verdad podían causarle." Y en ello siguen a través del dinero, de caza de brujas o "de fobias personalísimas". Pero seguir, ya lo creo que siguen.