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Diarios de viaje de Fernando VII (1823 y 1827-1828)

Fernando VII, diario de un viaje al infierno ¿Cómo liberar al rey ‘loco’? (El Mundo 11 de noviembre de 2013)

El rey describió su itinerario de Madrid a Cádiz como ‘cautivo’ del Trienio Liberal

El rey que se creía absoluto anotaba en su diario los insultos y desprecios que recibía al paso de su carruaje por los pueblos de su reino, la declaración de rey loco que sufrió en Sevilla y cómo el Gobierno del Trienio Liberal lo llevó cautivo en un viaje infernal de Madrid a Cádiz. Fernando VII escribió en 1823 un revelador diario de viaje en un momento clave de su vida política, cuando en contra de su voluntad fue obligado por las Cortes con mayoría de diputados liberales a abandonar Madrid ante la amenaza de los Cien Mil Hijos, comandados por el duque de Angulema y enviados por las conservadoras cortes europeas para acabar con el gobierno liberal que regía España desde 1820.

En este diario de viaje de 1823 escribe un rey constitucional pero que se cree inspirado por lo divino. Un monarca que asiste a un secuestro, como denominarán los realistas al viaje que emprende Fernando VII de Madrid a Cádiz. Los liberales intentaban evitar que la Santa Alianza –Rusia, Austria, Prusia y Francia– lo impusiera en un trono absoluto. Por eso, había que llevarlo al único reducto liberal, Cádiz, mítica capital del liberalismo.

Diarios de viaje de Fernando VII (1823 y 1827-1828), publicado por la Universidad de Alicante, cuenta con un estudio introductorio de Emilio La Parra López y la edición de Francisco Sevillano Calero y Emilio Soler Pascual que trasladan al público estos diarios que quedaron inéditos y que se encuentran en el Archivo General de Palacio en Madrid. También se añade otro diario de viaje, el que realizó entre 1827 y 1828, ya instalado como rey absoluto.

El Itinerario de nuestro viaje de Sevilla en el año de 1823, precedido de las causas que lo motivaron forma parte de la valiosa documentación en la que Fernando VII dicta a su secretario de cámara, Antonio Martínez de Salcedo, los «siete meses que estremecieron a España», como lo define el investigador Emilio Soler Pascual.

El viaje de la comitiva regia se inicia el 20 de marzo de 1823, cinco semanas antes de que las tropas de Angulema crucen la frontera. Fernando VII se resistió a salir de Madrid: «Hubo en las Cortes una discusión muy acalorada sobre nuestros viajes, dijeron mil pestes de mí; que yo fuera de todos modos, que si no podía ir en coche, fuese en silla de manos, y si no atado en un burro», escribe.

Pero la familia real parte en un curioso viaje de cautiverio que, sin embargo, tiene momentos placenteros como cuando Fernando VII se entretiene en descripciones como un viajero más de su siglo. Es sobrio en sus descripciones y pocas veces se emociona, pero cuando visita en Córdoba «a puerta cerrada» la Catedral-mezquita asegura «que es digna de verse por la multitud de columnas que tiene: el Patio de los Naranjos es muy hermoso».

El 10 de abril el cortejo real llega a Sevilla, donde vivirá un amargo episodio: el juicio para declararlo «demente temporal», según el artículo 187 de la Constitución a partir de una decisión que partió del diputado Antonio Alcalá Galiano y su correligionario Agustín Argüelles.

Después del paso por Sevilla, el cortejo sigue hacia Cádiz, último reducto liberal. A su paso por Alcalá de Guadaira escribe: «A causa de los milicianos de Madrid, que insultaron lo que no es decible (aunque yo no lo oí); se habían tendido en medio del camino para no dejar pasar: gritaban, mueran los Borbones, los tiranos; ya no nos manda; mira cómo has salido; y otras cosas a este tenor».

Por fin, el domingo 15 de junio de 1823 llegan a Cádiz. «El recibimiento del pueblo gaditano al monarca estuvo rodeado de la indiferencia». El rey hace balance del viaje: «Hemos caminado en Andalucía en el mes de junio en las horas de riguroso calor, sin salir del coche hasta el amanecer del día siguiente (...) sufriendo insultos; entrando en los pueblos como si fuéramos unos reos de Estado, y pasando otras muchas incomodidades y disgustos».

Los franceses ya han llegado a la Bahía de Cádiz y comienza un asedio que recuerda el ocurrido durante la Guerra de la Independencia cuando Cádiz se convirtió también en el último bastión de la España libre.

Son muy curiosas las anotaciones que el rey hace sobre sus días gaditanos, sobre todo las constantes y extrañas alusiones a las subidas a la azotea. De hecho, hay días en que sólo aparece esta frase: «Por la tarde á la Azotea». ¿Qué significaba? El investigador Emilio Soler Pascual apunta «que los reales y diarios paseos por la azotea pretendían ocultar el comportamiento ruin del soberano» y cita la declaración que hizo Alcalá Galiano: «Llevóse la condescendencia con el rey hasta consentirle levantar una torre alta de madera sobre el techo de la Aduana, en donde residía; torre que le servía de recreo a casi todas las horas del día, pues en ella se divertía en echar a volar cometas de papel, sin que hubiese quien ignorase que este su pasatiempo venía a ser una correspondencia, por señales convenidas, entre el rey y los franceses, dueños de la contrapuesta costa».

Los franceses toman la fortaleza de San Luis en el Trocadero, una victoria que se celebrará en París con la instalación del monumento del mismo nombre en los Campos Elíseos. El tornaviaje fernandino fue totalmente diferente con corridas de toros, fuegos artificiales, ofrendas religiosas y besamanos de autoridades mientras el pueblo se desvivía con los gritos de ¡Vivan las cadenas! que se oían en todas las paradas de aquel histórico viaje.

Muchos fueron los episodios singulares vividos en Sevilla. El Gobierno tuvo que sofocar una rebelión para liberar al rey loco impulsada por John Downie, militar escocés que durante la Guerra de la Independencia había dirigido un batallón de soldados disfrazados como en tiempos de Hernán Cortés y que por sus leales servicios había sido nombrado alcaide de los Reales Alcázares. Además, poco después de que la familia real abandonara la ciudad los realistas arremeten contra los liberales en el famoso 23 de junio, día de San Antonio, en el que asaltan la Sociedad Patriótica de Sevilla y el Café del Turco, lugar de reunión de los liberales. Ese día ardieron las bibliotecas de los liberales como ocurrió con los papeles de Bartolomé José Gallardo, el bibliotecario de las Cortes.


Se puede ver la noticia en:

http://www.elmundo.es/andalucia/2013/11/11/5280a73a684341294b8b456b.html